
Abrí mis ojos.
Todo era totalmente blanco, pulcro. ¿Donde rayos estaba? Oh, sí. Me tomaron sólo cinco segundos para darme cuenta que estaba en un centro clínico.
Divisé a lo lejos dos siluetas. Un hombre y una mujer que vestían ropa clínica.
Instantáneamente mis pensamientos vagaron y no fueron muy lejos. ¿De que se trataría esta vez? ¿Había intentado quitarme la vida o me había desmayado por dejar de comer? Vaya. No recordaba exactamente lo que había ocurrido, pero eso era lo más frecuente por lo cual podía estar en un lugar como este.
De repente, sin más ni menos, mi cuerpo estaba impotente y cansado. Era como si hubiera corrido miles y miles de kilómetros por horas, como si un camión que pesaba toneladas me hubiera arrollado. Intenté hablar o moverme, mis intentos fueron fallidos.
-Has despertado, bella.
Esa voz recorrió un pequeño camino en mi oído hasta hacer retumbar de poco a mi tímpano. Hizo que en mis adentros me estremeciera y con unas fuerzas que creí inexistentes giré mi rostro hacia donde provenía.
Tan perfecto como siempre, sonreía viéndome como jamás lo había hecho. Nick vestía esa ropa especial que le obligaban a usar para poder entrar a las áreas que probablemente eran restringidas pero él siempre buscaba excusas para romper reglas.
-Perdí la cuenta del tiempo que has dormido, quizás sean un poco más de 5 horas- Suspiró y noté en él un cansancio- Gracias a Dios el parto ha sido exitoso, mi amor.
Mis pupilas se dilataron al escuchar la última frase articulada por sus labios. ¿Había dicho parto? ¡¿Cómo podía ser eso posible?! Si esto se trataba de una broma era realmente de mal gusto, me enojaría con él.
Pasaron unos minutos de silencio desgarrador. Estaba juntando fuerzas para hablar y pedir tantas explicaciones que evidentemente necesitaba.
-Nicholas...- Como podía le hablaba, y trataba de capturar toda su atención -No entiendo.
Fruncí mi ceño.
De a poco me sentía mejor en cierta forma, afortunadamente.
Aun no lograba entender y él se tomaba el tiempo para responder. Esos minutos silenciosos e intrigantes podrían matar a cualquiera. ¿Y a quien no? Me había hablado de un parto que había sido exitoso y yo simplemente no entendía absolutamente nada. No sabía como había llegado ahí, no recordaba haber estado embarazada alguna vez y peor aun... ¿Había intimidado con Nicholas? Santos cielos, juraría ser virgen. No podía recordar alguna vez en que ellos habían tenido relaciones sexuales.
-¿No te pone feliz? Finalmente somos padres. Tenemos dos bebés, mi amor. El bebé que tanto esperabas, la nena que yo tanto anhelaba.
Podía ver en sus ojos que él no me entendía. Se desesperaba por tratar de explicarme, y yo me desesperaba al no entenderle. Si bien recordaba, era la primera vez que nuestra comunicación se veía interrumpida o errónea.
-Vaya. Sra. Jonas, que bueno que ya está despierta. Afuera están aguardando muchas personas por usted- No había notado la presencia de otra enfermera en la habitación. Intenté sonreír con amabilidad pero apostaba que sólo había conseguido espantar a la chica con una de mis sonrisas frías -Le diré a su cuñado que pase, y también al pequeño Jacob. Ya todo el mundo aquí en la clínica lo conoce.
Rió ignorando mis gestos y desapareció por una gran puerta que estaba al terminar un corto pasillo al lado derecho.
-Escucha, __________. No tienes que darte de desentendida para hacerme notar que no quieres a los bebés. Yo puedo hacerme cargo de ellos sin problemas, he podido perfectamente cuidar a Jacob.
Ni siquiera me estaba mirando, pero podía ver como sus ojos adoloridos se posaban sobre la manila de la puerta.
Él no me estaba entendiendo, yo tampoco lo hacía. La idea de ser la madre de sus hijos me alegraba, sólo que... ¿Cómo y cuando había pasado? Obviamente el desconcierto se apoderaba de mí, y no podía demostrar ese júbilo que sentía.
-No, no. Nicholas entiéndeme...- Iba a proseguir con la explicación si no fuera sido por el sonido de la puerta abriéndose seguido de unos gritos de alegría de quienes entraban. Nick se levantó inmediatamente cuando ambos vimos como Joe y Jacob se acercaban -Hola.
Un saludo, quizás extraño y frío era lo que podía ofrecer por los momentos. No se me daba eso de sonreír falsamente en estas circunstancias.
-¡Mami!
Se acercó bastante hasta posar sus labios sobre mi mejilla.
Me sorprendí al escuchar esa palabra. Jacob estaba llamándome mamá.
-¿Cómo van los dolores, cuñada?- Bromeó enseguida Joseph, tan típico de él -Sólo bromeo.
Imitó al pequeño Jonas, y también me dio un beso en la mejilla.
Me mantuve silenciosa hasta que la puerta volvió a ser abierta.
-¡__________!- Elevó la voz una muchacha que realmente no recordaba haberla conocido en algún momento -Tus bebés son hermosos, amiga.
¿Amiga? Yo no podía decirle amiga a alguien que no conocía.
-Gracias.
Con voz débil pude decirle a la desconocida.
-Danielle, no la asustes. Debe estar muy cansada- ¡Dios mío! Kevin sí que me comprendía -Sólo te voy a adelantar que la beba tiene tus ojos pero el resto es exactamente de Nick, y el bebé es una replica en miniatura de su padre.
Sonrió y se quedó viéndome por unos segundos.
La idea de tener dos seres idénticos a Nicholas era encantadora y me enloquecia, la idea de que se fueran alojado dentro de mí al menos unos nueve meses era mejor aun y aunque aun no me acostumbraba a eso podía sentir como ese instinto maternal estaba emergiendo dentro de mí y haciendo un gran espacio en mi corazón para ellos.
Por tercera vez, y esperaba que fuera la última, la puerta se abrió y dejó ver aquellos oscuros y hermosos rizos de la madre del hombre que amo. Denise venía en compañía de su esposo Paul Jonas; más atrás venía Nicholas con el doctor.
Los señores Jonas sonreían con la mirada puesta en sus brazos, fue entonces en ese momento cuando me di cuenta que traían a mis pequeños.
Mi pulso se aceleró al ver las criaturitas, mis ojos se aguaron discretamente. Ahora sí que no podía creerlo, era realmente algo de otro mundo.
Uno de ellos comenzó a llorar ruidosamente como los bebés suelen hacerlo, busque con la mirada y observe a mi nena vestida totalmente de rosa. Era ella quien lloraba.
-_________, veo que estás mejor- Comentó sonriente el doctor -Tu nena tiene hambre.
Miró a todos los demás, tratando de decirles algo que sólo las mujeres entendieron.
-Será mejor que dejemos a ________ y Nick con sus bebés para que puedan alimentarlos.
Rió y todos vimos como Paul le entregó a nuestro nuevo pequeño a su hijo. La imagen me conmovió un poco.
Una vez Nicholas y yo solos, intenté procesar en mi mente que tenía que sacar mi seno y dárselo a la bebé. Lo miré y me sonrió emanando confianza, luego posó sus ojos sobre su hijo.
Observé con detalle a la niña, era realmente hermosa. Tenía el cabello castaño muy claro y se le comenzaban a formar pequeños rizos, la piel era blanca parecía un pequeño copo de nieve y a pesar de no tener ni siquiera 24 horas de vida uno que otro lunar podía verse en su hermoso y angelical rostro.
Comencé a alimentarla y mis ojos seguían amenazándome con derramar algunas lágrimas.
Miré a la otra personita, a quien Nick tenía entre sus brazos. Kevin no pudo ser más preciso... ¡Idéntico a su padre!
Bajé mi mirada, vi como ya tranquilizada la pequeña intentaba abrir sus ojos. Casi lo lograba y...
Desperté. No estaba asustada, no sabía como se llamaba eso que raramente estaba sintiendo.
Todo había sido un sueño que no lograba digerir. Tan real, tan vivo.
El reloj marcaba las 8:59 am, el sol estaba perfectamente acomodado en el cielo entre las nubes. Los pájaros cantaban. El viento mecía las hojas de los árboles de izquierda a derecha y estas a su vez producían un sonido tan encantador.
Me levanté en un solo movimiento, aun en shock. Fui casi corriendo hasta el baño, y cuando estaba frente al espejo de cuerpo completo mi expresión era sería y fría.
Llevé mis manos hasta mi vientre, quería palparlo plano y sin nadie dentro de él. Sonreí con melancolía deshaciéndome de la idea de ser madre, de ser la madre de los hijos de Nicholas Jonas.
Aun no era parte de esa familia, Jacob no me decía mamí, no era la esposa de Nick, aun no habíamos tenido relaciones sexuales, no era madre. Ni siquiera éramos novios, seguíamos enojados.
No había sido más que un sueño frustrado, un deseo apresurado.
Hola, chicas.
Si no comentan lloraré T-T
En el capítulo anterior tan solo tuve 6 comentarios. Eso no está bien.
Por favor, comeeeeenten.
Las quiere; Marie. xo